domingo, 23 de marzo de 2008

Recomendamos: ¿Es posible una China?

por Xulio Rios, director del Observatorio de la Política China (Casa Asia-Igadi) y Consejero de la Red Navarra de Estudios Chinos

El resultado de los procesos electorales vividos en Taiwán el 12 de enero (legislativas) y 22 de marzo (presidenciales) abren un nuevo escenario, presidido por el retorno del Kuomintang (KMT) al centro de la vida política. En efecto, en enero, impuso una severa derrota a su rival, el Partido Democrático Progresista (PDP), al obtener una mayoría holgada en el Parlamento (81 diputados de 113). Y ahora, su candidato, Ma Ying-Jeou, ha logrado la presidencia.

Taiwán es la reserva territorial de la República de China, trasladada por Chiang Kai-shek en 1949, cuando perdió la guerra civil frente al Partido Comunista de Mao Zedong. Si Mao no hubiera ganado, probablemente no existiría este problema. De hecho, Taiwán formó parte de China entre 1945 y 1949. El derrotado KMT, con el apoyo de EEUU y las potencias occidentales, aplicó en la isla varias décadas de terror blanco hasta que a finales de los años ochenta lideró la transición democrática. Durante ese período, el gobernante KMT mantuvo la ficción de representar a toda la China “libre” y la aspiración de “reconquistar” el continente. Los demócratas taiwaneses, por el contrario, defendían la necesidad de abandonar la retórica del KMT, originaria del continente, “conformarse” con la idea de que la República de China dejó de existir al perder la guerra civil y que Taiwán es hoy un sujeto más de la comunidad internacional. En el marco de la transición democrática, el desgaste sufrido y la división interna del KMT permitió en 2000 que los partidarios de hacer de Taiwán un país “normal”, los soberanistas del PDP, lograran la presidencia, ejercida desde entonces por Chen Shui-bian, no sin polémica, especialmente durante su segundo mandato, marcado por la corrupción.

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